En mi retiro en España tengo mi esclavo de casa con quien jugar. Me encanta atormentarlo bajo el sol, así que lo he invitado al balcón para divertirme. Le abofeteo la cara y limpio la sonrisa en el suelo donde pertenece, lo quiero nervioso, inseguro de lo que viene después o cuando pueda golpear de nuevo. Le empapo la cara en mi saliva y la veo gotear por su barbilla. Él está temblando, incapaz de coger mi ojo lo abofeteo de nuevo, lo descortés. Espero que mire a mis ojos mientras lo degrada. El poder que siento cuando lo veo deslizarse en el subespacio es demasiado delicioso para perderlo. Lo cubro en mis besos especiales hasta que su visión se desdibuja y luego doy cada mejilla mientras él está desprevenido...