La señora Kittina tiene ganas de jugar un poco con su pobre esclava. Ella lleva su cuerpo negro, de encaje con tacones altos y balancea su cruel látigo en sus manos. Su esclava debe arrodillarse ante ella y desnudarla a veces juguetona, a veces brutales golpes con el látigo y las mordeduras dolorosas y fuertes, que ella le da cuando quiere oírle gritar. Cuando se derrumba después de un buen golpe, ella camina hacia él y empuja sus talones a su lado para despertarlo.