El esclavo está anhelando la atención de la Señora Amandas. Él está realmente asustado, que un día Amanda ya no quiere verlo y sólo el pensamiento de que lo hace preocupado y mareado. Así que le encanta cada minuto doloroso, cada pedacito de la tortura, cada grito, cada dolor extremo que Amanda le causa. Le encanta sus movimientos, su voz y su olor, aunque apenas puede concentrarse en nada, pero el brutal dolor que Amandas bastón le da. Al final de su sesión Amanda le dice que va a recibir sus últimos golpes y los esclavos estómago salta porque piensa que es el castigo final y Amanda no quiere verlo más. Pero pronto se entera de que estaba muy equivocado.