Me enamoré de una chica. ¡Hermosa, apasionada y condenada! Con cada número de horas que le llegaban a la hora de la muerte, cada minuto que se hacía mayor. Ella estaba encarcelada por sus pecados por toda la eternidad. La follé y se decayó delante de mis ojos. ¡Qué maldición horrorosa! El tiempo le agujereaba los dientes y no podía hacer nada para detenerlo. La belleza se convirtió en polvo.