La princesa Riley llama a su esclava para que se arrastre a cuatro patas para quitarse sus medias negras que revelan su tamaño 7 pies. Ella le ordena que abra la boca y se ponga a trabajar en lamer cada pulgada entre sus dedos. Aún no satisfecho, la princesa Riley empuja sus pies en el fondo de su garganta agachandolo hasta que se le aprenda que adorar sus pies es un privilegio no un derecho.