Después de descubrir que mi esclavo no ha podido limpiar mi casa como se le pidió, me desquita de su castigo de las maneras más crueles. Lo hago estar delante de mí y patearlo cuadrado en las bolas con mis botas de cuero brillante. Lo amordazo con su propia camisa antes de patearlo de nuevo y se le cae como muflado grosellas de agonía escapar de él. Le doy golpe tras golpe brutal en sus bolas con mi bota de cuero duro y lo regaño cada vez que se doblan las rodillas. Míreme, exijo antes de conducir mi bota en sus bolas hinchadas con tal fuerza que cae al suelo llorando de dolor. Lo hago subir a los cuatroes y tomar asiento en su espalda, insultándolo mientras le doy palmaditas ocasionalmente. Le doy un descanso en sus bolas latigantes al hacerlo adorar a mis botaslamándolas limpias mientras me siento y supervisando su trabajo.