John me había recomendado mucho que recogiera a Maya enmascarada. Me estaba esperando en la esquina, y aunque hacía una mañana fría, ella estaba mostrando su culo en redes de pesca guarras. Ella ya sabía quién era yo: supongo que John la había entendido a la situación. Maya, la traviesa tramposa, me dijo que estaba casada. Su marido ni siquiera sabía que le gustaban las chicas, por eso llevaba la máscara. Mi fetiche es por los pezones perforados, así que recibí una agradable sorpresa cuando me destellaba la suya. Para alguien sin mucha experiencia, cuando...